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miércoles, 30 de mayo de 2018

¿Por qué ningún hombre debería ser un sugar daddy? 5 razones


De seguro las primeras personas en criticar a los sugars daddies son las feministas, quienes ven a estos hombres como "machos opresores" que se aprovechan de "pobres víctimas oprimidas de forma sistemática". Sin embargo, no hace falta comulgar con esa absurda narrativa para darse cuenta que enorgullecerse de ese término es autodegradar la masculinidad propia en favor enaltecer la dependencia a la compañía femenina.

Aquí 5 razones por las que ningún hombre debería aspirar a ser un sugar daddy

1- Se convierte cajero automático con patas para una o más parásitas

Básicamente, el sugar daddy es un proveedor de lujo para una o más mujeres jóvenes y hermosas (la cantidad de chicas depende de su billetera y los acuerdos). Les costean viajes, gastos universitarios, ropas, artículos caros, cenas en los mejores restaurantes, siliconas para aumentarse los senos y el trasero, etc. ¿Y qué reciben estos hombres a cambio? Sexo y "estatus" ante otros hombres al pasearse con una mujer joven en brazos. ¡Bah!

2- Reduce el valor de su hombría a lo que dicte el imperativo femenino

Francamente, es difícil entender el por qué un hombre se sentiría orgullo de ser un sugar daddy. Hay que considerar que estos hombres no son valorados por las chicas por su atractivo físico o su personalidad, sino por la enorme cantidad de billetes que tienen para proporcionarles. Es decir, sin su dinero, lo más probable es que todas ellas los desprecien con escupitajos.

¿En qué se basa el orgullo masculino de un sugar daddy? En que es un instrumento para satisfacer las necesidades materiales de una mujer. El sugar daddy permite en extremo que las mujeres definan su valor; además, enaltece una palabra que solo existe para darle un aura de encanto a su rol de proveedor y, por supuesto, para eliminar en sus parásitos femeninos el estigma de cazafortunas.  

3- Es una completa perdida de dinero en una sola mujer

La mayoría de sugar daddies se permiten una o dos chicas, e invierten en ellas varios millones o hasta millones de dólares. ¿Todo eso solo por sexo y postureo frente al resto?, ¿no se dan cuenta de que están pagando sobreprecio? Con todo ese dinero, podrían hincharse de sexo con decenas de mujeres bellas por día (y sacarlas a pasear un rato incluso, si quieren posturear) y aun así ahorrarían bastante dinero. Estos sugar daddies son inteligentes para hacer dinero, pero no cuando unos agujeros se suman a la fórmula. 

4- Pone de manifiesto que no sabe llevar bien los años o que no tiene personalidad

Hombres mayores que han podido andar con mujeres jóvenes a causa de su dinero existieron desde siempre. ¿Desde cuándo tienen la necesidad de hacerse llamar sugar daddies?, ¿acaso ahora los maduros son tan sensibles que no soportan los apelativos de "asaltacunas" o "viejos verdes"?

5- Se expone a que las feministas volteen la tortilla y lo vean como "el culpable"

El término sugar daddy es un recurso muy efectivo para que la cazafortunas de toda la vida se libre del estigma parasitario que siempre tuvo, obteniendo en su lugar el nombre más bonito de "bebita azucarera", lo que para cierta narrativa es igual a "víctimas del patriarcado cosificador y opresor".

Ser un sugar daddy es otra forma de someter la masculinidad a los intereses femeninos. Si tienes mucho dinero, disfruta de varias y punto. 

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