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miércoles, 19 de octubre de 2016

ONVRES: 5 tipos de hombres que no deberían llamarse hombres

Escrito por Perukistán.

1- El pagafantas



Un simpático término de origen español que alude al hombre que invierte mucho de su vida (dinero, tiempo y dignidad) en mujeres que rara vez le contribuyen en la manera que él desearía: sexo y/o amor. Lo que hace especial al pagafantas es que se mantiene necio a pesar de que día tras día y semana tras semana su trabajo no le rinde frutos. Es una forma de vida, una forma de ser, una enfermedad moderna mundial en el sexo masculino.

Si hablamos de un individuo concreto, el pagafantas es ese amigo tuyo (o tú) que siempre gasta la gasolina para llevar a esa chica a donde ella quiere, que le hace regalos, que le presta los apuntes, etc, pero que nunca le ha robado siquiera un beso. Una especie de novio castrado, un simple recurso útil que para el sexo femenino no tiene forma masculina y ni siquiera humana, pero que intenta ser recompensado bajo el título de "mejor amigo" en el más "favorable" de los casos.

Y si nos referimos al grueso de la población masculina actual, los pagafantas abundan en las discotecas y los bares. Son por lo menos el 80% de asistentes, conformado por idiotas que van con la esperanza de pillar algo con su oxidado anzuelo. Como recursos para la pesca se valen de invitar snacks o bebidas alcohólicas de chica en chica a ver si alguna le cae, lo que solo propicia que estas puedan ir a dichos locales sin un centavo en el bolsillo, pues nunca le faltarán alcornoques a su servicio.

2- El arrastrado


En principio un pagafantas y un arrastrado pueden parecer lo mismo, sin embargo, hay una diferencia notable: mientras que el pagafantas invierte tiempo, dinero y dignidad en el sexo femenino y sin ser muy directo con sus intereses al respecto; el arrastrado sí tiene el valor de decirle a la mujer en su cara qué busca de ella, pero es insistente aun cuando no le hacen el suficiente caso, haciendo así altas inversiones infructuosas de tiempo y dignidad (a veces también dinero). 

Para que quede más claro: el arrastrado es ese onvre que lleva tiempo detrás de una mujer (por lo menos el pagafantas suele tirar su anzuelo en varios ríos) buscando una relación sexual y/o amorosa con ella. Ella lo sabe, él se lo ha dicho directamente con palabras, reforzándolas con citas y regalos, pero ella se niega sin alejarse del todo, sino que siempre de alguna forma está allí dándole cuerda para que él nunca deje de darle sus preciadas dosis de ego femenino. 

Sin duda alguna, la peor clase de hombre arrastrado -y el más común- es el que nace luego de una relación rota. Es ese individuo que luego de la ruptura, en vez de dedicarse más a si mismo, o a conocer a otras mujeres, o a irse con mujeres prepago por lo menos, se dedica a llorar en casa y a hundirse con los recuerdos, a emborracharse con los amigos y mandar mensajes lastimeros en la madrugada mientras ella está pasándola bomba con las amigas, comprándose ropa, besándose con otro, haciéndole sexo oral a otro, o ya formalizando con otro.

¿A que muchos de los lectores masculinos se sienten identificados con este punto? Bueno, por algo se dice que mientras para ser mujer solo basta nacer como tal, para ser hombre hay que hacerse a cada momento. No por nada el género masculino es que el sacó a la humanidad de las cavernas. 

Queda claro que la única beneficiada con estas conductas serviles y arrastradas es la mujer, porque le suben el ego por todos los flancos a costa de la humillación masculina. 

3- El mangina


Palabra de origen anglosajón, resultado de la combinación entre man + vagina (hombre vagina, varóngina o vaginombre). El mangina, dependiendo de qué sujeto estemos hablando, puede ser un caso diferente del pagafantas o inclusive una fase terminal de dicha enfermedad cultural. 

Un mangina en principio es un ser humano de morfología aparentemente masculina que, por extraño que parezca, defiende intereses femeninos sin atreverse siquiera a cuestionar si ellos en realidad tienen sentido, si son medianamente racionales o si atropellan a otras personas (como hombres, por ejemplo). 

Cuando se trata de heterosexuales, la psicología de un mangina sugiere que probablemente odie a su propio género o que, "coincidentemente", sea un pagafantas en fase terminal que ya entrega todo de sí para tener atención femenina como sea. Por eso no es de sorprender que muchos de ellos estén rodeados de mujeres, aunque ninguna de ellas muestre interés sexoafectivo en él y lo traten casi como una amiga más del grupo. 

Es normal ver manginas entre los hombres que van a marchas feministas, entre mujeres que van a comprar ropa u otros artículos típicamente femeninos, que se hacen los gays para estar cerca de las más guapas, que están en medio de sus chismorreos, que justifican la infidelidad femenina, que atacan a otros hombres ante acusaciones falaces de machismo, etc. A menudo, dentro de estas dos últimas situaciones específicas, al mangina se le denomina white knight o caballero blanco de manera doblemente despectiva.